Con el pasar de los años somos mas temerosos a situaciones, actividades y sentimientos que durante los años de juventud ni una sombra de ello hubiese existido; hoy día somos mas cautelosos para hablar, para responder, para ¡gritar! hasta para llorar lo llevamos con calma ¿sera cobardía? ¿o es que las ya repetitivas caídas son una señal de alerta que nos impide reaccionar como antes? Es muy posible que sea lo segundo, pero resulta tan frustrante por que de momento recuerdas que hubieras hecho años atrás en especificas situaciones y resulta tan fácil imaginárselo, que es hasta probable.
En lo personal en mi cabeza hay escenas 'de lo que podría hacer' 'de lo que podría decir' 'como lo diría' pero es tan inmediato el bloqueo mental, que nada fluye ¿es tonto no? teniendo en cuenta cuan importantes son los detalles....
"Detalles" son los dueños de las consecuencias de cualquier acción, ese pequeño gesto, esa pequeña conversación, sea lejos o cerca, realmente no importa por que cuando sucede simplemente cambia todo; trayendo consigo cualquier cantidad de emociones tanto buenas como malas, hacen que tu corazón brinque, la razón comienza a buscar explicaciones a lo que esta viendo ¿que? ¿como? ¿porque? y muy particular la que causa mas impacto ¿cuando?
Muchos pensaran por que saber el cuando es tan necesario, es simple, al conocer 'cuando' las piezas comienzan a caer como domino, se vislumbra mas claro todas las situaciones como rompecabezas, las piezas que no encajaban ahora si lo hacen...
... y pensar que todo esto lo provoco, un solo detalle, un solo gesto.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
jueves, 5 de septiembre de 2013
Luchemos
A veces la vida es un de vez en cuando,
a veces nos olvidamos de quien tenemos al lado,
y nos acordamos justo cuando la vemos alejada,
convertida en un punto ahí al final del horizonte.
A veces el amor nos juega trampas,
y muchas veces, terminamos por darnos por vencidos,
antes, muchísimo antes, de intentar reconciliarnos.
A veces, el amor, los instantes del amor,
se pueden contar con unos pocos dedos.
Los inmensos peligros de la soledad,
muchas veces, se pueden contar,
se pueden contar para siempre.
A veces, nos quedamos dormidos en el letargo del amor,
y estamos aquí convenciéndonos a nosotros mismos,
que es tan valioso agarrar una mano,
que es tan bonito tocar una cara,
que es tan inmenso besar una boca,
que es tan maravilloso abrazar a alguien,
y no dejar que se vaya, que luchemos,
no dejar que se aleje,
que no se confunda en un punto lejos en el horizonte,
que no tengamos que vivir la desdicha de estar solos,
que no tengamos que conformarnos con apenas extrañarnos...
Luchemos por no cometer los mismos errores,
por forjarnos un vida nueva, donde las perdidas queden en el pasado
donde el aprendizaje de la vida nos permita crecer,
y cada encuentro con la soledad nos de fuerzas,
por que sabemos, que en cada batalla ganada,
estaremos mas cerca de la felicidad.
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